Las golondrinas

Las recuerdo bien, eran frágiles, ligeras al viento y si querían también podían ser muy escandalosas. Volaban alto, se alejaban y volvían, siempre volvían.

Recuerdo aquella casa, hace tantos años, esa casa enorme en donde las golondrinas llegaban y hacían nido. Mi abuela solía decirme que ellas sólo hacían “su casita” donde sentían tranquilidad, donde notaban un ambiente pacífico y seguro.

Todas las primaveras llegaban a hacer sus nidos, las veía construir con tanta dedicación. Luego llegaba la espera… Al cabo de algunas semanas los polluelos nos indicaban su llegada al mundo con gritos sonoros. Y las madres los alimentaban sin descanso. Las veía volar, ida y vuelta.

Han pasado tantos años, aún recuerdo las palabras de mi abuelita y a las golondrinas, tristemente, no las he vuelto a ver.

Stephania.

Anuncios

Creadores

Nos gusta soñar, somos seres creadores. Dentro de la imaginación de cada uno existen escenas e historias, cosas con las que fantaseamos que nos gustaría se hicieran realidad.

Ideas que se reproducen constantemente en la mente, momentos que no han llegado a suceder y que ya ni siquiera esperamos que sucedan.

Somos seres creadores, tanto así que dormidos podemos presenciar verdaderas obras de arte: los sueños. No es sorpresa para nadie, no hace falta nada, basta con cerrar los ojos. Algunos hablan del subconsciente pero ¿importa eso?

Nadie tiene reglas para imaginar, ni métodos. Las ideas surgen y nos sumergimos en ellas sin pensar, el tiempo es relativo también… ¿Cuánto tiempo pasamos fantaseando? Quizá fueron sólo un par de minutos y tú ya te has creado una vida.

Stephania

Un poco de mí

No sé cómo es que dejé de escuchar a mi inspiración, esa voz que por las mañanas me habla al oído y me dicta historias, frases o relatos de antaño. No sé cuándo me dejé llevar por la monotonía del monitor que no aporta nada, cuando escribir, venir aquí, ha sido alivio para mi alma quebrantada.

La vida está sucediendo, el mundo no se detiene y me doy cuenta con cada respiración, cada día que abro los ojos sólo para descubrir que en efecto avancé 24 horas más, envejecí un poco y no puedo hacer nada para regresar a ningún momento que yo deseé.

Me gusta escribir, escribo para ustedes, sin lector las letras no tienen sentido. Pero muchas veces también escribo para mí, poco a poco voy diluyendo los pensamientos más intensos y los transformo en frases coherentes (¿lo son?), los transformo en ideas que intento ordenar, de alguna forma, con la esperanza de ordenar con ello un poco de la revoltura en esta realidad.

Stephania.

La verdad

Y ¿qué de malo tiene decir la verdad? No hay nada de malo en ello, es cierto; pero nadie va a aceptar la verdad tan fácilmente. De todas las cosas en el mundo que pueden incomodar, molestar o dar pesar ésta es una de ellas.

No nos gusta escuchar la verdad, preferimos quedarnos con la versión dulcificada de algo a medias. Preferimos las mentiras y quien nos conozca va a preferir mentirnos.

Se ha confundido el decir la verdad con lastimar y entonces todo mundo calla o todo mundo es un chismoso o un entrometido, cuando nada tiene que ver una cosa con la otra.

Me encanta repetirle a quienes se ofenden que:

La verdad no peca, pero incomoda.

Porque efectivamente, es la verdad. Duele admitir que nos equivocamos, duele admitir que no se nos ha querido, cuesta decir que no, cuesta ser sincero por temor a herir… Se nos pone a prueba cada día, a todas horas. Sobra la gente ofendida y escasean los sinceros y me preocupa toda esa gente hipócrita que va por ahí diciendo: “A mí que me hablen derecho, sin pelos en la lengua”. ¡Ajá! Son los primeros que al decirles algo desaparecen.

Stephania.

Recuerdos del pasado

Nunca dejaste de ser el fantasma, solo dejaste de hablar.

Mira que yo creía que podíamos llegar lejos, que quizá teníamos futuro y que te interesaba. Pero podía más tú inseguridad y definitivamente eran más grandes tus miedos. ¿Por qué tendría yo un lugar en tu vida?

Y te necesité, pero volaste lejos. La segunda oportunidad se presentó y me diste la espalda nuevamente. Y tantas veces he deseado poder confiar en ti, tantas veces he querido hacer como si nada… Pero dueles.

Stephania.