En mi otra vida quizá soy violinista, nunca voy a saberlo. Quizá me fui de gira por el país con aquella orquesta y me enamoré de alguien que se quedó en el camino. Compuse dos o tres piezas para violín solo y orquesta y viví felizmente sola en un departamento pequeño hasta los 28, edad en la que me casé y comencé a planear un futuro con aquel políglota interesante.

En mi otra vida estoy con alguien que no sabe ver más allá de su nariz, alguien egoísta que me hace mucho daño y con quien definitivamente no soy feliz. Llego a un lugar donde nadie se interesa por lo que hago, dónde mi esfuerzo no vale nada. A mis 21 no he llenado las expectativas que tenía de mi propia vida y me la paso llorando por algo que no sucedió.

En mi otra vida vivo en un país diferente del mío, quizá me acoplé tanto que ni siquiera parezco extranjera. Mis hijos nacieron ahí y son felices mirando esos paisajes que en su momento ya me hicieron soñar. Soy un ama de casa, tranquila y dedicada al hogar, tal cual a mi madre le hubiera encantado y me dedico únicamente a mi esposo, mi hogar y a los niños.

En mi otra vida dirijo una asociación que ayuda a los animales sin hogar a tener atención médica y opción de adopción. Quizá ahorré lo suficiente para poder hacer eso que me gusta sin padecer económicamente, vivo en una casa amplia lejos de mi familia, en un lugar tranquilo donde nadie se interpone entre lo que yo decido que está bien o mal.

Mi otra vida o mis otras vidas… Las imagino constantemente porque hay cosas que me persiguen, aprendizajes inconclusos, oportunidades negadas y sonrisas que se volvieron llanto. Y agradezco porque mi vida real, aunque está lejos de ser totalmente como la deseo, está bien. Me siento bien.

En mi vida real tengo un trabajo desafiante, que reta mi paciencia y mi voluntad todos los días, me mantiene activa y en constante movimiento. En mi vida real puedo hacer lo que me gusta sin que nadie me diga que está bien o mal, que les gusta o no… Como lo que quiero, duermo lo que puedo y estoy con quien amo. No hay arrepentimiento, todo lo que he vivido me ha traído hasta aquí y agradezco por eso. En mi vida real los días a veces son muy cortos, a veces hay dolor y me encanta saber que no vivo una utopía, que me alejé de aquellas personas que no me aportaban nada.

En mi vida real aprendí a amarme, a escribir, a entregar sin esperar nada a cambio. Aprendí a decir no. Me enamoré y dije sí con seguridad, me aventé a la nada y salí victoriosa. Aprendí y aprendí. En mi vida real ya no dejo que nada me detenga.

Stephania.

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