Me gusta mirar la ciudad, el esplendor de las luces artificiales al anochecer, saber que todas representan a alguien, una persona o una historia. Y disfruto de mirar al rededor, notar lo que sucede con el resto del mundo.

Imagino la historia de aquella pareja que se llena de apapachos en el bus, entiendo el cansancio de aquella madre que lleva a sus dos hijos pequeños de la mano… Uno todavía con pijama. Veo los rostros de la felicidad, de la frustración, de la vida. Todo pasa muy rápido y todos están viviendo su batalla propia, nadie la tiene fácil.

Me habría encantado entrevistar a todos, darles voz, contar sus historias y recrear sus ideas en mi mundo. No siempre se obtiene el resultado deseado, pero seguro resultaría algo interesante. ¿Qué contarían ellos de mí? La chica del bus que disfruta mirando por la ventana… La que cierra los ojos y sonríe, la que parece analizar algo en su cabeza porque de cuando en cuando se murmura algo para sí misma.

¿Qué contaré de esta tarde? la forma en que se hace de noche parece no ser suficiente, no es suficiente ciudad, no son suficientes luces y nunca serán suficientes historias.

Stephania.

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Un comentario en “

  1. Se aprende mucho observando, si…y con la práctica aprendes a hacer observaciones más selectivas cada vez…
    Aprendes a captar la esencia de las personas observando sus comportamientos más que las apariencias, que es en lo que se suele quedar la mayoría de la gente… 😉

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