9137

Hay tantas cosas dentro, tanto por contar… El acumulado de años sin poder expresar, años llenos de miedos, llenos de fracasos, dolencias y lecciones. Es difícil desarraigar los malos hábitos y quedarme en silencio es uno de ellos, pero por más que trato hay momentos en los que algo dentro de mí cierra con llave sin permitir la entrada a nada más.

Las cosas parecen tan simples y la película avanza en cámara lenta mientras contemplo las puestas de sol, esperando que su reconfortante luz cumpla la promesa de que todo va a estar bien. El mundo parece endurecido a causa de tanta decepción, ¿qué sentirá el Creador?

Quiero ordenar los pensamientos que me rondan, quiero ser más que “la persona difícil”, ya no quiero que me juzguen como alguien a quien cuesta trabajo comprender, no tengo 15 años. Pero cada vez que trato de expresar lo que hay dentro parece que asusto al receptor y entonces vuelven las inseguridades ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Debería haber callado?

Quizá no me hace falta nada, al contrario… Me sobra un poco de todo incluída la poca modestia, pero sigo en el mismo punto en donde todo parece avanzar muy lentamente, los demás me están dejando atrás y todavía tengo baches que enfrentar, no me gusta la sensación pero nunca he tenido el deseo de volver el tiempo hacia atrás.

Hoy ya fue, es y sigue siendo, tal vez si me concentro un día a la vez… 9137 días deben bastar para empezar.

Stephania.

Anuncios

Negación

No puedo negar que hay momentos en los que estoy segura que podría pasar toda la noche haciéndote el amor, toda la noche perdida en tus labios dejándome cautivar por esos ojos que me han mirado como si fuera el más grande milagro, pero soy sólo yo y me conformo algunas noches con verte soñar sin posibilidad de entrar a ese espacio que conservas tuyo propio.

Se me nota mucho, lo sé. Estas ojeras de todas las noches que no puedo pegar el ojo pensando en ti, las ganas que tengo de salir corriendo hasta donde estés y abrazarte pidiéndote que no te vayas, que hagas lo que hagas no me dejes sola nunca más. Y se me nota, claro, que sólo pienso en ti y que no sé hacer más que amarte. Y escribo de ti y te escribo cartas y poemas que me encanta que atesores.

Y no te niego que pasé dos días esperando una noche. Y no puedo ocultar que no me molesta suplicar y suplicar, aunque sé que nunca voy a poder pasar.

Stephania.

Me gusta mirar la ciudad, el esplendor de las luces artificiales al anochecer, saber que todas representan a alguien, una persona o una historia. Y disfruto de mirar al rededor, notar lo que sucede con el resto del mundo.

Imagino la historia de aquella pareja que se llena de apapachos en el bus, entiendo el cansancio de aquella madre que lleva a sus dos hijos pequeños de la mano… Uno todavía con pijama. Veo los rostros de la felicidad, de la frustración, de la vida. Todo pasa muy rápido y todos están viviendo su batalla propia, nadie la tiene fácil.

Me habría encantado entrevistar a todos, darles voz, contar sus historias y recrear sus ideas en mi mundo. No siempre se obtiene el resultado deseado, pero seguro resultaría algo interesante. ¿Qué contarían ellos de mí? La chica del bus que disfruta mirando por la ventana… La que cierra los ojos y sonríe, la que parece analizar algo en su cabeza porque de cuando en cuando se murmura algo para sí misma.

¿Qué contaré de esta tarde? la forma en que se hace de noche parece no ser suficiente, no es suficiente ciudad, no son suficientes luces y nunca serán suficientes historias.

Stephania.

¿Qué somos en el mundo? ¿Qué nos define? Alguna de las mil decisiones que de forma consciente o inconscientemente realizamos… ¿Será nuestro carácter? Quizá simplemente la forma en que estrechamos la mano de otra persona. ¿Qué somos en el mundo?

Trato de leer pensamientos, en vano. Todavía no me es concedido ese talento; trato de arreglar mi vida cuando ni siquiera puedo con mi casa. ¿Qué me define? Quiero creer que el mundo ve a la persona esforzada que trata de hacer las cosas bien para que le vaya bien, pero lejos de eso creo que todo mundo ve a la persona amable de la que pueden burlarse. No importan los actos de bondad, no importan las horas sin dormir, no interesa lo que hay dentro, mucho menos lo que está a simple vista… No ha servido de nada.

¿Qué nos define? ¿Cómo sabremos en quién confiar? Cuando todo acaba, cuando hace frío y se siente caer la intensidad de la oscuridad, ¿nos define lo que somos en soledad? Nadie mira, nadie aprecia, nadie escucha. Eres tú contra ti mismo y sólo si escuchas con atención podrías llegar a entender las preguntas que tanto te haces.

¿Qué somos en el mundo? ¿Con quién debemos conectar?

Stephania.

¿Dónde estás?

Hace un tiempo hablamos de fantasmas, de dolencias, del pasado. Abrí mi corazón, usted abrió el suyo. ¿Se dio cuenta? Ahora usted también es parte del pasado, uno bueno que duró muy poco. Pero déjeme hablarle de tú, que creo que nos viene mejor. Al menos creo que es menos incómodo.

Hoy por hoy, ¿dónde estás? Cortamos el aire con palabras que no debimos decir, cortamos distancia y luego cortamos comunicación. Y está bien, estuvo bien, pero una curiosidad en mí me hace preguntarme qué será de ti, de tu vida, si estarás mejor que ayer o que cuando dejamos de conectar. Sé que no preguntas por mí porque sabes que estoy bien y así es, no podría estar mejor. Empiezo a construir un hogar, ¡uno en serio! Y es que hace tiempo no tenía uno, ¿a ti cómo te va con eso? ¿Sigues queriendo escribir? ¿Vas a viajar pronto? ¿Qué harás para Navidad? Mera curiosidad, en serio…

Siempre admiré tu forma de ver el mundo, tu resiliencia. Estas cosas pasan, de algún modo lo sabías, yo lo sabía y no quisimos admitir que fuimos Alquimia y Fuego, que encendimos muy rápido y nos consumimos el tiempo sin oportunidad de más. Aprendimos, definitivamente y hoy estoy aquí, preguntando ¿dónde estás?

Quiero imaginar un futuro lejano, uno donde yo esté de vacaciones caminando por aquellas amplias calles de la mano de ese hombre que me hace inmensamente feliz, uno donde de pronto nos crucemos en la plaza y te vea de la mano de aquella mujer que te hará totalmente feliz. Vamos a cruzar miradas, no vamos a decir nada y seguiremos caminando, sólo nos quedará la satisfacción de saber que progresamos y que nos encontramos en el lugar correcto.

Hoy ¿dónde estás? Yo me siento cerca de ese futuro lejano. El tiempo nos dirá, la paciencia sabe esperar.

Stephania.

Me gustaría

Me encantaría, por un día, conocer la verdad. Hablar de todo con sinceridad, sin tener que esconder algo, desnudar el alma. Si quieres al día siguiente volvemos a pretender que no sabemos nada, que la verdad no cruzó nuestros labios.

Puedes sincerarte, no hay nada que aparentar. No necesitas hablarme de cosas que no existen ni de cosas que no han sucedido, ni necesitas crearme una falsa idea de algo que yo ya conozco. Me gustaría saber qué ganas al mentir, qué satisfacción encuentras al hablarme de algo así.

Disfruta lo que tienes, no hay de qué avergonzarse. Será peor si se cae el teatro, ¿de dónde vas a sostenerte? Me gustaría mucho que llegues y me hables con la verdad y me digas: No vengo de aquí, ni de allá… Esta persona soy yo y este mi hogar.

Al final hay cosas que yo ya sé.

Stephania.

En mi otra vida quizá soy violinista, nunca voy a saberlo. Quizá me fui de gira por el país con aquella orquesta y me enamoré de alguien que se quedó en el camino. Compuse dos o tres piezas para violín solo y orquesta y viví felizmente sola en un departamento pequeño hasta los 28, edad en la que me casé y comencé a planear un futuro con aquel políglota interesante.

En mi otra vida estoy con alguien que no sabe ver más allá de su nariz, alguien egoísta que me hace mucho daño y con quien definitivamente no soy feliz. Llego a un lugar donde nadie se interesa por lo que hago, dónde mi esfuerzo no vale nada. A mis 21 no he llenado las expectativas que tenía de mi propia vida y me la paso llorando por algo que no sucedió.

En mi otra vida vivo en un país diferente del mío, quizá me acoplé tanto que ni siquiera parezco extranjera. Mis hijos nacieron ahí y son felices mirando esos paisajes que en su momento ya me hicieron soñar. Soy un ama de casa, tranquila y dedicada al hogar, tal cual a mi madre le hubiera encantado y me dedico únicamente a mi esposo, mi hogar y a los niños.

En mi otra vida dirijo una asociación que ayuda a los animales sin hogar a tener atención médica y opción de adopción. Quizá ahorré lo suficiente para poder hacer eso que me gusta sin padecer económicamente, vivo en una casa amplia lejos de mi familia, en un lugar tranquilo donde nadie se interpone entre lo que yo decido que está bien o mal.

Mi otra vida o mis otras vidas… Las imagino constantemente porque hay cosas que me persiguen, aprendizajes inconclusos, oportunidades negadas y sonrisas que se volvieron llanto. Y agradezco porque mi vida real, aunque está lejos de ser totalmente como la deseo, está bien. Me siento bien.

En mi vida real tengo un trabajo desafiante, que reta mi paciencia y mi voluntad todos los días, me mantiene activa y en constante movimiento. En mi vida real puedo hacer lo que me gusta sin que nadie me diga que está bien o mal, que les gusta o no… Como lo que quiero, duermo lo que puedo y estoy con quien amo. No hay arrepentimiento, todo lo que he vivido me ha traído hasta aquí y agradezco por eso. En mi vida real los días a veces son muy cortos, a veces hay dolor y me encanta saber que no vivo una utopía, que me alejé de aquellas personas que no me aportaban nada.

En mi vida real aprendí a amarme, a escribir, a entregar sin esperar nada a cambio. Aprendí a decir no. Me enamoré y dije sí con seguridad, me aventé a la nada y salí victoriosa. Aprendí y aprendí. En mi vida real ya no dejo que nada me detenga.

Stephania.