Me gusta mirar la ciudad, el esplendor de las luces artificiales al anochecer, saber que todas representan a alguien, una persona o una historia. Y disfruto de mirar al rededor, notar lo que sucede con el resto del mundo.

Imagino la historia de aquella pareja que se llena de apapachos en el bus, entiendo el cansancio de aquella madre que lleva a sus dos hijos pequeños de la mano… Uno todavía con pijama. Veo los rostros de la felicidad, de la frustración, de la vida. Todo pasa muy rápido y todos están viviendo su batalla propia, nadie la tiene fácil.

Me habría encantado entrevistar a todos, darles voz, contar sus historias y recrear sus ideas en mi mundo. No siempre se obtiene el resultado deseado, pero seguro resultaría algo interesante. ¿Qué contarían ellos de mí? La chica del bus que disfruta mirando por la ventana… La que cierra los ojos y sonríe, la que parece analizar algo en su cabeza porque de cuando en cuando se murmura algo para sí misma.

¿Qué contaré de esta tarde? la forma en que se hace de noche parece no ser suficiente, no es suficiente ciudad, no son suficientes luces y nunca serán suficientes historias.

Stephania.

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En mi otra vida quizá soy violinista, nunca voy a saberlo. Quizá me fui de gira por el país con aquella orquesta y me enamoré de alguien que se quedó en el camino. Compuse dos o tres piezas para violín solo y orquesta y viví felizmente sola en un departamento pequeño hasta los 28, edad en la que me casé y comencé a planear un futuro con aquel políglota interesante.

En mi otra vida estoy con alguien que no sabe ver más allá de su nariz, alguien egoísta que me hace mucho daño y con quien definitivamente no soy feliz. Llego a un lugar donde nadie se interesa por lo que hago, dónde mi esfuerzo no vale nada. A mis 21 no he llenado las expectativas que tenía de mi propia vida y me la paso llorando por algo que no sucedió.

En mi otra vida vivo en un país diferente del mío, quizá me acoplé tanto que ni siquiera parezco extranjera. Mis hijos nacieron ahí y son felices mirando esos paisajes que en su momento ya me hicieron soñar. Soy un ama de casa, tranquila y dedicada al hogar, tal cual a mi madre le hubiera encantado y me dedico únicamente a mi esposo, mi hogar y a los niños.

En mi otra vida dirijo una asociación que ayuda a los animales sin hogar a tener atención médica y opción de adopción. Quizá ahorré lo suficiente para poder hacer eso que me gusta sin padecer económicamente, vivo en una casa amplia lejos de mi familia, en un lugar tranquilo donde nadie se interpone entre lo que yo decido que está bien o mal.

Mi otra vida o mis otras vidas… Las imagino constantemente porque hay cosas que me persiguen, aprendizajes inconclusos, oportunidades negadas y sonrisas que se volvieron llanto. Y agradezco porque mi vida real, aunque está lejos de ser totalmente como la deseo, está bien. Me siento bien.

En mi vida real tengo un trabajo desafiante, que reta mi paciencia y mi voluntad todos los días, me mantiene activa y en constante movimiento. En mi vida real puedo hacer lo que me gusta sin que nadie me diga que está bien o mal, que les gusta o no… Como lo que quiero, duermo lo que puedo y estoy con quien amo. No hay arrepentimiento, todo lo que he vivido me ha traído hasta aquí y agradezco por eso. En mi vida real los días a veces son muy cortos, a veces hay dolor y me encanta saber que no vivo una utopía, que me alejé de aquellas personas que no me aportaban nada.

En mi vida real aprendí a amarme, a escribir, a entregar sin esperar nada a cambio. Aprendí a decir no. Me enamoré y dije sí con seguridad, me aventé a la nada y salí victoriosa. Aprendí y aprendí. En mi vida real ya no dejo que nada me detenga.

Stephania.

Los que escriben

Nunca, pero nunca (y lo pido por favor) subestimes a alguien que escribe, que se dedica a ello por amor a las letras, por hobbie o por trabajo. Si conoces a algún escritor eso queda prohibido.
Jamás pienses que puedes descifrar absolutamente todo el contenido que te proporciona, nunca pienses que vas a poder comprender el trasfondo de sus escritos o de sus palabras solo porque le has leído antes.
Una sola frase envuelve un mundo y alguna historia romántica o dolorosa podría ser únicamente producto de su imaginación.

Pensar que podemos analizar todo lo que leemos o que conocemos el alma de alguien sólo porque nos muestra una pequeña parte es ir demasiado lejos.

 

Stephania.

Esa amistad…

Podría contar todas las veces que me interesaba poder llamar a alguien así: amigo. Es mucho más fuerte de lo que imaginaba, los amigos van más allá de cualquier expectativa. Son “cosa rara”, algo que definitivamente no encuentras todos los días.

Podemos conversar con cualquier persona, contarle uno que otro secreto y ya está… No significa nada. Es más que confianza, más que un abrazo al final del día.

Es sentirte bien, saber que puedes ser honesto y hablar claro, es reír por tonterías y decirse la verdad en la cara; llorar juntos, aprender, apreciar, avanzar. ¿Qué haríamos sin ese beso a las tres de la mañana? ¿A dónde ir cuando todos ya se han ido? Sin duda yo preguntaría qué sucede para que comiences a llorar en silencio junto a mí. La amistad se conforma de detalles más allá de la imaginación, de personas que se encuentran con otras en el momento adecuado, bajo la tormenta de ambos.

Podemos equivocarnos y pensar que contamos con la amistad de alguien, podemos herir también. Son cosas de todos los días. Pero aquel día, tú, que lees esto: supe que cuento contigo hasta en el hoyo más bajo… Fue reír, soñar, llorar.

Stephania.