Negación

No puedo negar que hay momentos en los que estoy segura que podría pasar toda la noche haciéndote el amor, toda la noche perdida en tus labios dejándome cautivar por esos ojos que me han mirado como si fuera el más grande milagro, pero soy sólo yo y me conformo algunas noches con verte soñar sin posibilidad de entrar a ese espacio que conservas tuyo propio.

Se me nota mucho, lo sé. Estas ojeras de todas las noches que no puedo pegar el ojo pensando en ti, las ganas que tengo de salir corriendo hasta donde estés y abrazarte pidiéndote que no te vayas, que hagas lo que hagas no me dejes sola nunca más. Y se me nota, claro, que sólo pienso en ti y que no sé hacer más que amarte. Y escribo de ti y te escribo cartas y poemas que me encanta que atesores.

Y no te niego que pasé dos días esperando una noche. Y no puedo ocultar que no me molesta suplicar y suplicar, aunque sé que nunca voy a poder pasar.

Stephania.

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Carta (1)

Hoy quiero que sepas que me haces bien, te amo.

Llegaste en el momento exacto y agradezco por ello, por tu presencia, tu amor constante. Porque a pesar de que ambos venimos de batallas perdidas comprendimos que podemos cambiar las cosas, que podemos amarnos sin miedo.

Ha sido mi promesa contigo: dejar atrás las inseguridades, demostrarte que podemos confiar, que esto es más fuerte que cualquier cosa; creo en ti.

No fue sólo enamorarnos, es respeto, es reír juntos, son las historias que ya tenemos, todas las veces que me has mirado y ¡Dios! Me cambias el mundo. Verte sonreír y saber que soy yo la razón.

Todos los días nos brindamos la oportunidad de ser mejores, de amarnos, de confiar y te agradezco por eso. Porque podemos aprender el uno del otro, porque nos comunicamos.

He amado cada detalle de ti: las canciones de media noche, los besos en la mano, llegar con rosas… Me abriste la puerta a cosas que no conocía, cosas que no sabía que podía tener.

Agradecer no será suficiente, salvas mi vida todos los días y haces promesas que no pido. Eso siempre hará la diferencia para mí, en mi corazón. El hecho de mirarte y automáticamente saber que no hay otro hombre como tú en el mundo entero, que somos jóvenes y estamos enamorados.

Tengo anhelos de emprender contigo, de hacer las cosas bien, porque te amo, te amo con todo mi corazón. Y voy a cuidarte y a hacerte feliz, voy a amarte, lo sabes.

Gracias por éste primer ciclo lleno de amor, de hermosos recuerdos y de muchas primeras veces. Te amo.

Tu escritora, Stephania.

¿Qué decir?

Ese cigarro que te fumas junto a la puerta, esa sonrisa que se te dibuja cuando susurro a tu oído esas cosas que no le diría a nadie más, ¿qué decir? Si creo que ya conozco todo de ti…
La forma en que despiertas, que suele ser la misma en que te vas a la cama cada noche. Los lugares por los que caminas, la forma en que saludas y de vez en cuando lo que vas a decir antes de que lo digas.
¡No me vas a decir que no! Yo sé que te has dado cuenta, sé que te aterra… Porque nadie te conoce tan bien como yo.

¿Qué decir? Como si yo no supiera que me lees el pensamiento y que justo ahora te ríes de nervios. Sí… Parece que te observo, aunque quizá me falte detalle. ¡Total! Tiempo tenemos. El café que no falta, los desvelos, ese libro que te has ido comiendo de a poco… No, no se me pasa, sólo que no hace falta recordártelo cada cinco segundos, pero bien sabes que tengo todo presente.

De repente también me das la sorpresa y me doy cuenta de que he mostrado más de la cuenta, porque de un tiempo para acá se te da por conocerme demasiado bien. ¿Qué decir? Me sorprende, sí. Pero al mismo tiempo me halaga que te tomes todo ese tiempo sólo para pensar en mí.

Quizá no soy tan elocuente como tú, quizá esto sea un escrito más que se deshará con el paso del inquebrantable tiempo, ese que lo sabe todo.
Pero sé que mis palabras siempre tendrán sentido si las leen tus ojos, ¿qué decir? De pronto no son sólo las palabras, sino el universo entero el que toma sentido si tú me lees.

Stephania.

 

Fortaleza

Ojalá supieras realmente lo mucho que te amo. Desearía que no tuvieran que pasar unos 10 o 15 años para que lo entiendas plenamente, de verdad lo deseo.
Me encanta verte dormir, mirar la paz que despide la tranquilidad de tu respiración; me gusta tu sonrisita de locura y la forma en que me has mirado siempre.

Ojalá supieras que me tienes, que no importa a dónde vaya yo siempre estoy contigo, de eso se trata el amor: de la certeza. Créeme, me tienes.
Y amé verte soltar mis brazos, amo saber lo independiente que eres; porque por mucho que te ame jamás podré retenerte, jamás podré protegerte de todo como yo quisiera.
Eres fuerte, eres valiente, eres capaz… Me has demostrado muchísimas veces que no necesitas de mí para hacer lo que tú quieras.

Que pasen los años, sólo quiero que pasen. Que mires hacia atrás y veas que mi amor te ha acompañado todo el tiempo, desde que llegaste a encontrar mi alma. Me has dado todo, incluso “soy” porque formas parte de mí.

Te amo, te amo.

Stephania.

Martes 7:30pm

Siempre condené tu falta de interés, es decir, si te hubiera interesado seguramente hubieras llamado en el momento en que te diste cuenta que rompí la conexión que nos unía. Me decepciono una y otra vez al comprobar que te conformaste con una explicación escrita de los hechos, nunca cuestionaste nada, nunca respondiste nada. Cruzaste el velo y me dejaste aquí sintiéndome más tonta de lo que ya era.

En mis sueños te imaginaba respondiéndome con una larga descripción del porqué te dolía que de pronto yo hubiera decidido alejarme, que tu indiferencia no era eso sino poco tiempo para comunicarnos y que estabas dispuesto a buscar, juntos, una solución para que nuestra promesa de no alejarnos nunca se cumpliera. En mis sueños te veía llegando a mi casa con un libro que seguramente sería del autor que te viene a la mente en este momento, entonces abría el libro y dentro se encontraba una invitación para tomar café… En aquel café. Un martes a las 5.

¿Cómo pude llegar a pensar que harías todo eso por mí? Es evidente que “El Secreto” no funciona… Por más que he deseado con todo mi ser que llames, que respondas alguno de mis mensajes o que me pidas que nos encontremos en el café, eso simplemente no pasa.
Por supuesto que tu indiferencia era real. Es real.
Por supuesto que las promesas no significaron nada para ti, ni la tarde del 15 de febrero.

No sé tú (bueno, sí, si lo sé) pero yo no puedo vivir así. Es caminar por aquel pasillo y recordar que un día me hiciste sentir especial. Es escuchar una canción y volver en el tiempo a aquella noche en que la pasamos cantando uno al otro. Son recuerdos sobre recuerdos que no me dejan en paz… Odio admitir que me importa y que tú vives tu vida y haces de todo como si yo nunca hubiera existido. ¿Será eso? ¿Nunca existí para ti?
No sé cómo puedes vivir así, leyendo mis letras sin tener momentos de incertidumbre. ¡Es más! No sé como pudiste olvidarte de ella, de la chica más linda en mi mundo, aquella que te enamoró desde que supiste sólo un poco de su vida.

¿Recuerdas el final de aquella historia? Tenía dudas, pero luego de tu partida no pude evitarlo y aquella chica con dotes de hermosa y delicada bondad… Murió.
Tengo toda la intención de tentar a la suerte y pedirte que te reúnas conmigo en el café el martes a las 7:30 aunque tenga que quedarme esperando semanas. No lo hago porque sé que nunca llegarás.

Pudiste haberme dicho que no. Pudiste haber evitado todo si no hubieras mentido al decir que me amabas. ¿No lo pensaste? Porque parece que no y sabías que yo moría, muero por ti. Sabías que me perdía en tus ojos, que tu sonrisa me devolvía al mundo. Sabías que te entregué hasta el alma y cuando menos lo imaginaba te perdí.

Stephania.

Ernesto

Me gusta mirar almas, adorarlas y cuidarlas. Es fácil ver el exterior, sentirnos decepcionados por la apariencia externa. ¿Por qué? Cuando un pequeño toque abre la puerta de un mundo nuevo que se coloca a nuestro lado en el autobús, en la calle, en todas partes. 

Entonces conocí a Fátima, una mujer que gustaba mostrarse al mundo fuerte, independiente, intelectual y que además lo era. Su esencia, su alma, era una puerta abierta de par en par. Con ella no había secretos, sus ojos expresaban justo lo que ella quería decir. Adoraba mirarla, sólo eso. No sé cómo es que ella me devolvió la mirada, pero me sentí afortunado. 

No puedo juzgar su apariencia física, ¿honestamente? No la recuerdo del todo… Pero sí recuerdo su forma de hablar, con intensidad, con emoción. Era una apasionada de las cosas bien dichas, siempre pensando cuidadosamente antes de hablar; si me llegaba a oír alguna forma coloquial no dudaba en corregir. 

Me gusta mirar almas, pero el alma de Fátima era especial, era fácil de ver y me obligo a creer que por eso también le fue fácil irse de aquí y dejarme solo, plantado en este mundo con la única compañía de mi propia alma, que hoy se siente más pesada que nunca. Nadie me preparó para perder su sonrisa, la forma en que ella misma me miraba, desafiante. 

Me gustaba ver su alma y hoy la busco en cada mirada que se atreve a cruzar la mía. Tal vez la vuelva a ver, pero menos apasionante y más risueña, no tan estricta pero igual de interesante. Y te extraño Fátima, te busco absurdamente. Sé que no te voy a encontrar, que tu mirada se fue a donde quiera que estés. 

Stephania.