Ya lo he olvidado

¿Qué me sostiene? ¿Qué me ha impedido caer y caer tantas veces? Hay días en los que no entiendo mi existencia en el mundo, días que duelen y que me hacen llorar. Y quisiera, de verdad quisiera poder levantarme un día y decir que ya lo he olvidado, que no recuerdo nada de aquello que me hizo doblar las rodillas.

Hay una enorme diferencia entre el perdón y el olvido: mi corazón, por ejemplo, sabe perdonar. He perdonado todo tipo de cosas y me gusta creer que es porque sé amar, pero olvidar… Es un asunto muy diferente y con eso no me va muy bien. No, no hablo de rencor. Es simplemente que las cosas se quedan ahí, como cicatrices viejas y profundas que a veces duelen con el frío, en la soledad de aquella habitación.

Y ¿por qué no? Quizá ya lo he olvidado, ya no recuerdo el dolor de antaño como cuando sucedió. Quizá ya no recuerdo sus ojos a punto de bañarse en lágrimas, o el terror que dejé en el suelo cuando el avión despegó; tal vez ya no importa lo que su voz dijo a otro corazón ni el miedo que me acompañó. Elegí seguir aquí, decidí que iba a ser más fuerte y si no lo conseguía al menos me quedaba el consuelo de seguir intentando.

Stephania.

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Constantemente

Constantemente me repito que no es mi culpa, que si los demás no eligieron bien no tiene nada que ver conmigo. Trato de imprimir un gesto bueno a cada día, trato de ser mejor, de enojarme menos, de repasar las cosas que hice bien y aprender de lo que no salió como esperaba.

No sé qué tiene la gente que abusa de la buena voluntad de los demás, no sé porqué me hacen daño a propósito cuando lo único que hago yo es ser amable. Constantemente me encuentro con el mismo escenario y aunque trato de no tomarlo personal al final del día hay cosas que pesan, duelen…

Y no soy la princesa que va a ser rescatada, no. Porque de todo eso que me lastima la única que puede salvarme soy yo, pero todavía no existen el método o no me he encontrado la forma. Veo que a los demás les es sencillo, pero lo dicho: no soy como los demás.

Quizá con otro poco de ayuda, con más risas, con menos preocupaciones…

Stephania.

About life…

Sé que entre tú y yo siempre existieron infinitas posibilidades. Yo quería que existieran y más de una ocasión te he mirado con profundo interés por tu corazón. De alguna forma siempre fuiste tú: mi amigo, mi amor platónico, mi crush. Ese a quien a pesar del tiempo llamaba y estaba para mí; sigues ahí para mí, pero tu dulzura y caballerosidad jamás te hicieron amarme y por eso no podemos ser.

¿Cuántos años me tuviste pensando en ti? Incluso ahora te lo digo: me sentía esperanzada, creí que llegaría el día en que llamarías para buscar un momento idóneo y “formalizar”. Pero no fui tu novia antes, no lo seré nunca. Siempre fui una opción, alguien a quien contemplar una noche fría, alguien con quien conversar cuando no hay otra persona prioritaria. Te imaginaba llegando inesperadamente por mí para ir a caminar por ahí, te imaginaba sorprendiéndome y la sorprendida soy yo… No sucedió antes, no sucedió ahora y seguramente no sucederá después.

¿En qué momento te ha dolido? Ahora que mi vida cambió totalmente, ahora que sonrío y me miro en los ojos de un corazón que me pertenece, ¿por qué ahora? Reconozco que se siente como la forma egoísta de los niños que no toman en cuenta un juguete hasta que alguien más quiere jugar con él.

Stephania.

No me interesa

Ni el mundo, ni mi paso sobre la tierra seca que quema la planta de mis pies igual que los recuerdos queman mi alma. ¿Hace cuánto tiempo estoy sufriendo de este modo? Todos tienen ideas maravillosas de lo fácil que es “salir del hoyo”, sonreír, sacudirse el polvo y vivir. Se nota que no han vivido entonces… Porque vivir es jodidamente complicado. Y no me interesa lo que piensen los demás, no me interesa que me miren con cara de idiotas buscando la señal de aceptación que no voy a darles, porque los rechazo, porque no me interesan.

Voy por ahí como el fantasma en el que me convertí hace tiempo, ya olvidé quién me mató la primera vez. Pero recuerdo la segunda: mi propia sangre. La tercera: un mal amor. La cuarta: vidas indefinidas. Y ahora soy un ente que vaga por los rincones más fríos y lúgubres, lamentándose no tener la fuerza para seguir en el mundo corpóreo.

Por eso perdí sentido, por eso no me interesa… Porque al final no pasa nada. Al final hay frío y soledad, no hay que preocuparse por lo que va a suceder, sucede. No me interesa si me miran cobarde, si creen que es un trance hormonal. No, no me interesa. Nadie ha vivido mi vida por mí ni yo he vivido la vida de nadie…

Stephania.

Realista (I)

Me fui quedando a oscuras lentamente, el tiempo transcurrió sin que a mí o al resto de mi cuerpo le importara. ¿Para qué moverme? ¿Para qué salir? ¿Qué sentido tiene?

El sentimiento de melancolía es más fuerte, pudo más que mis ganas de hacer algo productivo con mi tarde. Me quedé inerte en aquel viejo sillón contemplando algunas letras sueltas muy bien escritas, llorando a ratos y preguntándome si valdría la pena hacer algo por mí.

A nadie le gustan las personas que se autocompadecen; yo no lo hago. Siempre he caminado con bandera de realista y creo firmemente que lo soy: una persona totalmente realista. Por eso no me importó quedarme sin mover un dedo durante las últimas 3 horas…

Se hizo de noche lentamente y mis pocas ganas sólo lograron acercar una cobija para escabullirme debajo. Quizá pase aquí también el resto de la noche.

Stephania.

Sé que estás ahí

Puedo notarte cuidando cada paso que doy, puedo notar tu placer cuando sufro y las ganas que tienes de gritar: ¡Sí! Cuando alguno de mis logros te sorprende. Sé que estás ahí, que sigues ahí… Siempre has estado ahí. Sólo que nunca supiste atarte a la libertad juntos que tanto soñé. No quise atarte, claro, pero sabes que deseaba más.

Pensaba en todos esos besos en la frente que no recibí cuando los necesité y en todos lo demás que pedí y también me negaste. Necesité tu amor, tu consuelo, que estuvieras orgulloso de mí. ¿Dónde te quedaste? Sé que estás ahí… Muy lejos de mí.

Stephania.

No…

Hoy no hablemos de mi salud mental. No toques el tema de todo lo que me atormenta. No pienses en esas tristezas, en Casona. No se te ocurra mandarme a revisar, no sugieras que puedes ayudarme… Nadie pudo.

Mejor háblame de aquellas noches en el centro, o en tu casa… Desde donde se veía esa cruz y todo un panorama que mis ojos no pueden olvidar. Háblame de esas noches sin dormir y más de aquellas en las que sí dormí al arrullo de tu voz.

Y no, no me digas que no puedo seguir así, cuando sabes que lo único que me mantiene en el mundo son sus ojos, tu voz y las posibilidades. No me digas que debemos planear, cuando hoy no supe ni qué ponerme. Regálame tu amor, a sorbos.

Stephania.