Escribo cuando mi corazón está lleno, pero a veces no digo lleno de qué. Algunos días son buenos, otros no tanto y está bien poder aceptar que somos una dualidad, que no podemos estar bien constantemente, que no podemos hacer a un lado lo que duele, no podemos fingir cuando saltamos de felicidad o cuando se dibuja esa sonrisa en nuestro rostro.

Y está bien decir que hoy mi corazón está lleno, lleno de aquellos sueños que me atormentan por las noches y que no me atrevo a contar. De esos sueños que quiero dejar de recibir y que de algún modo me mantienen en alerta permanente. Lo estoy aceptando poco a poco, la miro en la oscuridad y está ahí afuera mirando su celular, esperando… Nada sucede y se marcha. No recuerdo su rostro pero sí su cabello,

A veces creo que siguió mi consejo, espero que sí. Debería, aunque no le servirán de mucho un par de trucos si yo ya sospechaba desde antes. ¿La buena noticia? Vendrá a decírmelo, sin tapujos, vendrá…

Stephania.

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Contigo sí.

Quizá pueda parecer poco tiempo, los números son relativos y ¿a quién le importa? Sigues diciendo que quieres estar conmigo para siempre y me encanta porque te creo y (aunque tú no lo creas) vamos poco a poco construyendo más allá de cualquier límite y yo contigo sí.

Contigo si quiero que sea para siempre, contigo imagino un futuro. Nos veo pasar la tarde abrazados sin decir nada, de pronto besas mi frente y sonreímos, nos sabemos felices y además sabemos que no es perfecto, que no es un cuento de hadas y que tenemos que trabajar sobre lo que construimos cada día.

Crecemos, aprendemos, nos reinventamos; fluímos y a veces no tanto pero sabemos lo que significa “un día a la vez” y yo contigo sí. Porque ya me contaron que uno lucha por lo que vale la pena y sí, vale toda la pena. Porque sé que quizá habrán lágrimas, dolor y preocupaciones pero también existe comprensión, aceptación y amor. Porque vamos a pasar por mucho, ya hemos pasado por mucho y seguimos aquí; porque hicimos promesas que no queremos romper, rompimos barreras que debíamos cruzar y nos permitimos aprender.

Contigo sí, porque he mirado en la inmensidad de tus ojos llenos de amor, porque te entregué mi corazón y un poco más. Contigo, sí mi amor… Mañana, en un mes, un año y siempre.

Stephania.

¿Recuerdas?

No me olvido de aquella noche en el parque, caminando sin rumbo, disfrutando el cálido clima. Una pequeña orquesta amenizaba un evento para gente mayor y la salsa me invitaba a bailar, ¡por supuesto que sí!

No me olvido de todo lo que recibí, todo lo que se me ha concedido por pequeño que sea. ¿Recuerdas? Fue un tiempo feliz, un tiempo de baile, de hacer memorias, de romper horizonte y simplemente vivir.

Stephania.

El amor de tu vida

No es esa persona por quien has llorado siempre, tampoco aquella otra que te llevó hasta el límite de la felicidad, ni la que recuerdas con cariño de la infancia aunque irónicamente podrían ser todas ellas.

El amor de tu vida son todos aquellos por quienes darías la vida, esas personas con quienes haces o haz hecho un clic instantáneo. Nada se compara con esa sensación de saber que vas a amar a alguien toda la vida, es algo profundo, se lleva tan dentro que simplemente lo sabes.

Tus hijos, tus amigos incondicionales, tus padres, tu pareja, … El amor se presenta a cada uno de formas distintas, casi mágicas. Cada quién lo vive, lo siente y lo disfruta de forma diferente, por eso es tan especial, por eso no pasa de moda y por eso es que definitivamente no podemos ser tan egoístas como para reservar el título de “amor de mi vida” para una sola persona.

Stephania

Paz

No tienes idea de la paz que me produces, podría verte dormir por siempre y no cansarme. Hay algo en el compás de tu respiración, en la tranquilidad de tu rostro… Sé que puedo besar tu frente, o tus mejillas o tu nariz y que así, dormido, sonreirás. Sé que si me acerco lo suficiente dirás ven aquí, pequeña y me tomarás entre tus brazos para hacerme dormir también.

Ignoro si sabes cuánto te amo, ignoro si conoces cómo me preocupo y cómo es que sólo quiero darte lo mejor de mí. Reconozco tus esfuerzos, tus ganas de ser mejor y no mejor que los demás, porque sabes que no necesitas competir, sino mejor que tú mismo cada día. Ignoro si sabes que te veo al dormir, contemplo esa belleza que quizá a cualquier persona podría parecerle algo común, para mí es increíble. Contemplo esa paz de la que ya te hablé y me dejo llevar… Me dejo llevar.

Stephania.

Pensamientos de tarde

Quisiera convencerte de que la forma en que te miro puede atravesar tu alma, convencerme de que puedo sentir lo que estás pensando en el momento en que lo piensas y hacerte ver que no es simple capricho, si no que hemos pasado por muchas cosas que nos han hecho conectar de formas que a veces, me doy cuenta, no comprendemos.

El tiempo, la edad… Números. A todo mundo le importan los números y tú y yo los hemos dejado de lado, no es algo trascendente, no hace la diferencia si encontramos nuestras formas de pensar, nuestras mentes. Me gusta cómo piensas.

Y te miro mirarme de reojo, tratando de escudriñar en mi rostro la respuesta a aquella duda que te aqueja; te miro sobresaltar al dormir porque no estoy suficientemente cerca, te miro y te miro… Podría mirarte toda la vida y nunca sería suficiente, pero me gusta la idea.

Y pienso en todas las veces en que cantaste para mí, la forma en que me miras y sonríes mientras guiñas un ojo, pienso en las cosas que haría por ti y en las que sé sin duda alguna en mi corazón que harías tú por mí… No alardeo, no materializo. Solo siento que te conozco un poco y nos conozco un poco más cada día.

9137

Hay tantas cosas dentro, tanto por contar… El acumulado de años sin poder expresar, años llenos de miedos, llenos de fracasos, dolencias y lecciones. Es difícil desarraigar los malos hábitos y quedarme en silencio es uno de ellos, pero por más que trato hay momentos en los que algo dentro de mí cierra con llave sin permitir la entrada a nada más.

Las cosas parecen tan simples y la película avanza en cámara lenta mientras contemplo las puestas de sol, esperando que su reconfortante luz cumpla la promesa de que todo va a estar bien. El mundo parece endurecido a causa de tanta decepción, ¿qué sentirá el Creador?

Quiero ordenar los pensamientos que me rondan, quiero ser más que “la persona difícil”, ya no quiero que me juzguen como alguien a quien cuesta trabajo comprender, no tengo 15 años. Pero cada vez que trato de expresar lo que hay dentro parece que asusto al receptor y entonces vuelven las inseguridades ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Debería haber callado?

Quizá no me hace falta nada, al contrario… Me sobra un poco de todo incluída la poca modestia, pero sigo en el mismo punto en donde todo parece avanzar muy lentamente, los demás me están dejando atrás y todavía tengo baches que enfrentar, no me gusta la sensación pero nunca he tenido el deseo de volver el tiempo hacia atrás.

Hoy ya fue, es y sigue siendo, tal vez si me concentro un día a la vez… 9137 días deben bastar para empezar.

Stephania.