Escribo cuando mi corazón está lleno, pero a veces no digo lleno de qué. Algunos días son buenos, otros no tanto y está bien poder aceptar que somos una dualidad, que no podemos estar bien constantemente, que no podemos hacer a un lado lo que duele, no podemos fingir cuando saltamos de felicidad o cuando se dibuja esa sonrisa en nuestro rostro.

Y está bien decir que hoy mi corazón está lleno, lleno de aquellos sueños que me atormentan por las noches y que no me atrevo a contar. De esos sueños que quiero dejar de recibir y que de algún modo me mantienen en alerta permanente. Lo estoy aceptando poco a poco, la miro en la oscuridad y está ahí afuera mirando su celular, esperando… Nada sucede y se marcha. No recuerdo su rostro pero sí su cabello,

A veces creo que siguió mi consejo, espero que sí. Debería, aunque no le servirán de mucho un par de trucos si yo ya sospechaba desde antes. ¿La buena noticia? Vendrá a decírmelo, sin tapujos, vendrá…

Stephania.

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¿Dónde estás?

Hace un tiempo hablamos de fantasmas, de dolencias, del pasado. Abrí mi corazón, usted abrió el suyo. ¿Se dio cuenta? Ahora usted también es parte del pasado, uno bueno que duró muy poco. Pero déjeme hablarle de tú, que creo que nos viene mejor. Al menos creo que es menos incómodo.

Hoy por hoy, ¿dónde estás? Cortamos el aire con palabras que no debimos decir, cortamos distancia y luego cortamos comunicación. Y está bien, estuvo bien, pero una curiosidad en mí me hace preguntarme qué será de ti, de tu vida, si estarás mejor que ayer o que cuando dejamos de conectar. Sé que no preguntas por mí porque sabes que estoy bien y así es, no podría estar mejor. Empiezo a construir un hogar, ¡uno en serio! Y es que hace tiempo no tenía uno, ¿a ti cómo te va con eso? ¿Sigues queriendo escribir? ¿Vas a viajar pronto? ¿Qué harás para Navidad? Mera curiosidad, en serio…

Siempre admiré tu forma de ver el mundo, tu resiliencia. Estas cosas pasan, de algún modo lo sabías, yo lo sabía y no quisimos admitir que fuimos Alquimia y Fuego, que encendimos muy rápido y nos consumimos el tiempo sin oportunidad de más. Aprendimos, definitivamente y hoy estoy aquí, preguntando ¿dónde estás?

Quiero imaginar un futuro lejano, uno donde yo esté de vacaciones caminando por aquellas amplias calles de la mano de ese hombre que me hace inmensamente feliz, uno donde de pronto nos crucemos en la plaza y te vea de la mano de aquella mujer que te hará totalmente feliz. Vamos a cruzar miradas, no vamos a decir nada y seguiremos caminando, sólo nos quedará la satisfacción de saber que progresamos y que nos encontramos en el lugar correcto.

Hoy ¿dónde estás? Yo me siento cerca de ese futuro lejano. El tiempo nos dirá, la paciencia sabe esperar.

Stephania.

El tiempo

No sé en qué momento me encontré con esos intentos de “diario” que apunté a destiempo en una libreta cualquiera… Dicen que resulta benéfico escribir acerca de uno mismo de vez en cuando, pero sobre eso no sé nada, nunca fui buena.
Cuando tenía unos 11 años mis “diarios” sólo se enfocaban en contar una breve reseña de mis días y de cómo sentía que nadie entendía mi forma de pensar; pero lo que me encontré hoy me rebasó.

El hecho de saber que hace tres años me sentía igual a como me siento hoy sólo me deja ver que definitivamente no he sabido tomar las decisiones correctas. ¿Ha sido presión social? ¿He sido débil? Me vienen a la cabeza tantas dudas…
Veo esos mensajes que no sé porqué decidí copiar, pero me parecen tan lejanos, tan falsos y no recuerdo haber sentido emoción alguna al leerlos, así como hoy que los encontré y me dieron igual.

Todos dirán que estoy loca, que soy la mala del cuento; nadie va a pensar en mi felicidad, todos pensarán que fui egoísta por querer algo para mí, por buscar ser feliz. Y sí… Quizá sí.

El tiempo dirá. Seguirá diciéndome que haga las cosas bien, que sea fuerte y sé que me recompensará.

Stephania.

 

Despedida

Sabía que saldría adelante, que con el tiempo ya no dolerías tanto. No porque lo quisiera, sino porque lo había vivido antes. Hace tantos años, cuando el amor pega como roca.
La verdad es que, en su momento, fuiste más duro que eso, más fuerte, más importante. Lamento que no pudieras verlo, que jugaras a quererme… ¿Alguna vez fui algo para ti?

Ya no sé cuánto tiempo ha pasado. Pero es hermoso darme cuenta de que definitivamente pude seguir sin ti, pude vivir con tu ausencia. Otros corazones se encontraron con el mío y de repente el mundo comenzó a ser un lugar mucho más pequeño y mucho menos frío.

Te pienso con menor insistencia, definitivamente ya no te siento. De algún modo nuestra conexión se debilitó y hoy que la veo casi extinta ¡decidiste jugarme una mala pasada!
Y estabas ahí, metido en mi sueño una vez más, como la primera vez. Como aquella hermosa primera vez.
Ya no había vestido, ni gente, ni hermosos pisos de mármol. Sólo éramos tú y yo. No sé porqué tuvimos que aparecer juntos en aquella escena de mi cabeza, pero me miraste y supe a qué te referías.
Me ayudaste a elegir un perfume… ¿Lo recuerdas? Ese que en su momento nos vio nacer.

Las películas tienen una banda sonora para identificarse, pero ¿nuestra película? ¿Una fragancia? Si ha sido la de anoche entonces temo que todo vuelva a empezar. Estamos cerca, lejos y ya no quiero vernos de este modo. Abrí los ojos y me sentía vacía.
Sabes que eres injusto, que me has maltratado y que en mis adentros queda un poquito de ese dolor que quema.

Quizá mi tranquilidad proviene de tus letras, de haber roto el silencio y sentir que de algún modo no te perdí. ¿Porqué decidí esto? ¿Porqué lo acepté? Creo que tenemos la respuesta pero no quiero admitirlo, no te lo mereces.
En todo caso he probado otro poco del mundo, he visitado otras almas y he leído otras letras… Son magníficas, ¿sabes?
Sí sabes. Contigo aprendí a volar y creo que anoche dejaste abierta la jaula, permanecemos juntos pero nada nos ata. Te siento pero lejano.

Stephania.

 

Por la ventana 

De pronto estamos solos, siento tu miedo, te recorre la piel. El mundo se apagó a nuestro alrededor, sólo nos miramos a los ojos y sé que piensas en mí tanto como yo en ti aunque estemos uno frente al otro. 

La lluvia cae insistente y seguimos solos, no nos importa. Me abrazas y siento que contagias a mi piel con ese miedo del que te hablé. Actúas torpe, actuamos torpes. ¿Así se siente estar enamorado? Besas mi frente y me siento morir, es algo tan maravilloso, tan dulce. Sencillo siempre viene bien. 

¿Nunca has sentido que el tiempo vuela? Yo lo siento ahora contigo, es una paradoja increíble: todo se detuvo pero el tiempo va deprisa, casi tan rápido como mi acelerado corazón. No quiero creerlo, pero te siento, estamos en las mismas condiciones. 

¿Sientes frío? Ya no si cierro los ojos contigo. 

Stephania. 

Sara

No hacen falta más cartas, ni llamadas ni nada… Pusiste distancia y eso dejó todo en claro. Así que si pudiste mandarme al carajo como si botaras un libro viejo decidí que yo también podía, que tampoco te quería en mi vida y en ese momento empecé a ser más feliz.

No me había dado cuenta de cuánta energía gastaba preocupándome por ti… O por tu ausencia. Me frustraba darme cuenta que al final fuimos simplemente fantasmas. Siempre fuimos los fantasmas de los que suelo hablarle a mi sombra.
Pero hoy me miré con otros ojos, dejé de sentirme miserable… Yo no perdí, ¡te lo pierdes tú!

Me levanté esta mañana y borré todos los mensajes, también borré tu número y me prometí olvidarlo; me solté el cabello y me sonreí al espejo. Noté que me había mentido muchísimas veces al pensar que te habías llevado todo de mí, porque realmente nunca tuviste nada. Yo tampoco te tuve, sólo fuiste un fantasma, estuviste de paso.
Dejé de preocuparme por tu ausencia, decidí sacarte de mi vida y soy feliz. Estoy bien y no te extraño, como seguramente tú no me extrañas a mí.
Ya no siento la urgencia de llamar a media noche para hablarte de mis sueños así como tampoco nunca llamaste tú. Ya no siento que algo quema mis adentros al pensar en tu voz tranquilizadora o al recordar aquella sonrisa que solías dedicarme…

No te quiero en mi vida y si lo pienso: realmente nunca formaste parte de ella.
Vamos a seguir cada uno, vas a sonreírle a alguien más… Aprenderé a ahuyentar a personas como tú.
Soy feliz hoy que te digo adiós.
Le digo adiós también a tu fantasma.

Hace frío

Hace frío. Despierto y miro la mañana helada a través de mi ventana, el cristal se empaña con mi respiración.
Días así no me provocan nada más que melancolía, ganas de quedarme acostada. El sol está por ahí, lo sé, pero hace frío y su calor no me alcanza.
Es un frío que recorre el cuerpo con aquella sensación de que vamos a morir así, la sensación de que no importa lo que haga no voy a recuperar mi calor.

Trato, en vano, de seguir con la monótona rutina de mi vida… Abro la ventana, finalmente no importa, este frío ya está por todos lados. El aire matutino revuelve mi cabello y me hace temblar, no siento las puntas de los dedos.
Admiro a esas mujeres que se despiertan al alba, se dan un baño y salen de casa con el cabello todavía húmedo, llenas de energía.
Yo soy como una de esas viejas calculadoras que necesitan que las toque el sol para empezar a dar chispazos de vida. Pero hace frío.

Empiezo a sentir que el día mejorará, pero no, sólo se hace más gris. Quisiera la fórmula que usan las personas que disfrutan los días así…

Y nuevamente lo logro: llegué a la cocina y la tetera me grita que el agua está a punto. Un buen té hace maravillas, pero no milagros. Lo bebo lentamente y me doy cuenta de que no está tan caliente como creí, mis manos toleran el contacto con la porcelana, pero hace tanto frío que no se calientan.
No me imagino a mí misma viajando a una de esas ciudades cosmopolitas donde llueve todos los días, no imagino cómo hace todo el mundo para seguir viéndose “glamuroso” bajo los paraguas. No me veo a mí misma caminando bajo la lluvia usando unos tacones carísimos y conservando el peinado intacto.

Sigo bebiendo el té, que a estas alturas está prácticamente frío.
Si lo pienso detenidamente, lo mío es la playa: andar despeinada, descalza, dejar que la vida me recorra la piel con ese calor tan rico que me hace sentir viva.
Pero aquí, en mi realidad, hace frío.

No estoy lista, no quiero encarar el día. Me termino el té apresuradamente porque, definitivamente, no tengo otra opción. Estos desayunos siguen sin funcionar para mí, “no me hallo”. Me lavo la cara y me cepillo los dientes, ¿quizá un poco de maquillaje? No, hace frío, mejor quedarme al natural. Ya me documenté con todo ese rollo del cuidado de la piel, el maquillaje para verano, otoño, invierno… Que en conclusión todo viene a ser la misma mierda y da lo mismo lo que te pongas porque igual te haces vieja cada día.
Sigo sin entender a las mujeres de las que hablé antes, ya van maquilladas, como muñequitas, ¡hasta pestañas postizas!

Hace frío y ¿qué más da? Me gusta andar como fantasma por toda la casa, descalza para que nadie me oiga, soñando despierta para no escuchar mis propias quejas que me dicen que necesito del sol o me vuelvo a la cama de inmediato.

Stephania.