¿Dónde estás?

Hace un tiempo hablamos de fantasmas, de dolencias, del pasado. Abrí mi corazón, usted abrió el suyo. ¿Se dio cuenta? Ahora usted también es parte del pasado, uno bueno que duró muy poco. Pero déjeme hablarle de tú, que creo que nos viene mejor. Al menos creo que es menos incómodo.

Hoy por hoy, ¿dónde estás? Cortamos el aire con palabras que no debimos decir, cortamos distancia y luego cortamos comunicación. Y está bien, estuvo bien, pero una curiosidad en mí me hace preguntarme qué será de ti, de tu vida, si estarás mejor que ayer o que cuando dejamos de conectar. Sé que no preguntas por mí porque sabes que estoy bien y así es, no podría estar mejor. Empiezo a construir un hogar, ¡uno en serio! Y es que hace tiempo no tenía uno, ¿a ti cómo te va con eso? ¿Sigues queriendo escribir? ¿Vas a viajar pronto? ¿Qué harás para Navidad? Mera curiosidad, en serio…

Siempre admiré tu forma de ver el mundo, tu resiliencia. Estas cosas pasan, de algún modo lo sabías, yo lo sabía y no quisimos admitir que fuimos Alquimia y Fuego, que encendimos muy rápido y nos consumimos el tiempo sin oportunidad de más. Aprendimos, definitivamente y hoy estoy aquí, preguntando ¿dónde estás?

Quiero imaginar un futuro lejano, uno donde yo esté de vacaciones caminando por aquellas amplias calles de la mano de ese hombre que me hace inmensamente feliz, uno donde de pronto nos crucemos en la plaza y te vea de la mano de aquella mujer que te hará totalmente feliz. Vamos a cruzar miradas, no vamos a decir nada y seguiremos caminando, sólo nos quedará la satisfacción de saber que progresamos y que nos encontramos en el lugar correcto.

Hoy ¿dónde estás? Yo me siento cerca de ese futuro lejano. El tiempo nos dirá, la paciencia sabe esperar.

Stephania.

Anuncios

Realista (I)

Me fui quedando a oscuras lentamente, el tiempo transcurrió sin que a mí o al resto de mi cuerpo le importara. ¿Para qué moverme? ¿Para qué salir? ¿Qué sentido tiene?

El sentimiento de melancolía es más fuerte, pudo más que mis ganas de hacer algo productivo con mi tarde. Me quedé inerte en aquel viejo sillón contemplando algunas letras sueltas muy bien escritas, llorando a ratos y preguntándome si valdría la pena hacer algo por mí.

A nadie le gustan las personas que se autocompadecen; yo no lo hago. Siempre he caminado con bandera de realista y creo firmemente que lo soy: una persona totalmente realista. Por eso no me importó quedarme sin mover un dedo durante las últimas 3 horas…

Se hizo de noche lentamente y mis pocas ganas sólo lograron acercar una cobija para escabullirme debajo. Quizá pase aquí también el resto de la noche.

Stephania.

Porque sí

Quizá no era cuestión de vida, era cuestión de mente. La forma que tomaba todo dentro de su mente: amable, rudo, bueno, malo, divertido. El mundo en un vaivén de sensaciones que la mayor parte del tiempo no tenían explicación. Claro que había quienes querían ayudarle y trataban de ponerle forma a todo lo que decía, a todo lo que creaba. Nunca bastaba un “porque sí”.

Stephania.

Francisco

-¿No era esa canción? No. No…-

Francisco se lamentaba, llevaba dos meses pensando en alguna canción que le trajera a la mente uno de esos recuerdos románticos con Sara, la había invitado al café tantas veces, pero nunca prestó atención a aquellos mínimos detalles. Quería llamarla, admitiría su error… Pero llevaba dos meses pensándolo y no movía un dedo.

Dentro de poco asistiría a la reunión anual del Consejo de Directores Empresariales. ¿Podría invitarla a la cena?

Sé que estás ahí

Puedo notarte cuidando cada paso que doy, puedo notar tu placer cuando sufro y las ganas que tienes de gritar: ¡Sí! Cuando alguno de mis logros te sorprende. Sé que estás ahí, que sigues ahí… Siempre has estado ahí. Sólo que nunca supiste atarte a la libertad juntos que tanto soñé. No quise atarte, claro, pero sabes que deseaba más.

Pensaba en todos esos besos en la frente que no recibí cuando los necesité y en todos lo demás que pedí y también me negaste. Necesité tu amor, tu consuelo, que estuvieras orgulloso de mí. ¿Dónde te quedaste? Sé que estás ahí… Muy lejos de mí.

Stephania.

Historias

¿Cómo le cuento mi historia al mundo? ¿Porqué quiero contarlo?
¿Capricho? ¿Ansiedad?
Hay momentos en que no me siento sensata en realidad.

No es que importe, quizá me siento con suerte.
¿Vanidad?
Las ganas de enseñar,
aportar, algo pequeño que le enseñe al mundo que después de la tormenta es en serio que la calma tiende a llegar.

 

Stephania.