La verdad

Y ¿qué de malo tiene decir la verdad? No hay nada de malo en ello, es cierto; pero nadie va a aceptar la verdad tan fácilmente. De todas las cosas en el mundo que pueden incomodar, molestar o dar pesar ésta es una de ellas.

No nos gusta escuchar la verdad, preferimos quedarnos con la versión dulcificada de algo a medias. Preferimos las mentiras y quien nos conozca va a preferir mentirnos.

Se ha confundido el decir la verdad con lastimar y entonces todo mundo calla o todo mundo es un chismoso o un entrometido, cuando nada tiene que ver una cosa con la otra.

Me encanta repetirle a quienes se ofenden que:

La verdad no peca, pero incomoda.

Porque efectivamente, es la verdad. Duele admitir que nos equivocamos, duele admitir que no se nos ha querido, cuesta decir que no, cuesta ser sincero por temor a herir… Se nos pone a prueba cada día, a todas horas. Sobra la gente ofendida y escasean los sinceros y me preocupa toda esa gente hipócrita que va por ahí diciendo: “A mí que me hablen derecho, sin pelos en la lengua”. ¡Ajá! Son los primeros que al decirles algo desaparecen.

Stephania.

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Me gustaría

Me encantaría, por un día, conocer la verdad. Hablar de todo con sinceridad, sin tener que esconder algo, desnudar el alma. Si quieres al día siguiente volvemos a pretender que no sabemos nada, que la verdad no cruzó nuestros labios.

Puedes sincerarte, no hay nada que aparentar. No necesitas hablarme de cosas que no existen ni de cosas que no han sucedido, ni necesitas crearme una falsa idea de algo que yo ya conozco. Me gustaría saber qué ganas al mentir, qué satisfacción encuentras al hablarme de algo así.

Disfruta lo que tienes, no hay de qué avergonzarse. Será peor si se cae el teatro, ¿de dónde vas a sostenerte? Me gustaría mucho que llegues y me hables con la verdad y me digas: No vengo de aquí, ni de allá… Esta persona soy yo y este mi hogar.

Al final hay cosas que yo ya sé.

Stephania.